13 julio 2009

La NeuroOla (Fábula veraniega)


Los gritos de la turba enfurecida que le seguía se escuchaban claramente, “acabad con el impuro”, sabía que si le alcanzaban sus días estaban contados, no había superado los escáneres cerebrales y eso le convertía en un inadaptado, un “impuro” en la jerga de esos fanáticos “brainhoodistas”. Sólo estaría seguro si llegaba a la casa de Ricard, su antiguo mentor. Cuando él, Isaac, era su alumno, no terminó de confraternizar con las ideas de Ricard pero sabía que le apreciaba y, aunque hacía tiempo que se habían distanciado, confiaba en que le protegería de los fundamentalistas.

Isaac empezó a trabajar con Ricard en un proyecto de estudios neuroteológicos “de campo”, en el que se infiltraban en reuniones de diversas sectas religiosas para obtener registros neurofisiológicos que permitieran entender el comportamiento del fanático. Ricard creía que el conocimiento de los sustratos neurobiológicos de nuestra conducta permitiría encontrar las claves para alcanzar una sociedad mejor y más justa. Pero Isaac no compartía ese optimismo y le criticaba que esa creencia era una forma de fe (“la fe del ateo” le espetaba cuando discutían). Pero las ideas de Ricard empezaron a tener predicamento entre algunos políticos que creyeron que la neurotecnología les ofrecía una herramienta de “ingeniería social” para establecer una sociedad ordenada y dócil. Pronto aparecieron algunos grupos radicales que se hicieron llamar “brainhoodistas” (“somos nuestro cerebro”) y que proclamaban que la libertad es una ilusión, que no existe la indeterminación en la conducta, y que defendían que para conseguir el ser humano perfecto era necesario depurar la sociedad de aquellos individuos que no superaran una serie de pruebas neurofisiológicas (EEG, fMRI ...). Y con ellos llegó el terror. Aquellos que como Isaac les criticaron públicamente se convirtieron en sus bestias negras, herejes que tenían que ser ... eliminados.

Isaac estaba muy cerca de la casa de Ricard. Aunque éste se había desmarcado de los métodos violentos del fundamentalismo “brainhoodista”, Isaac creía que seguiría siendo respetado por haber sido el inspirador de sus ideas por lo que su casa podría ser un santuario donde refugiarse. Por eso se quedó petrificado cuando le vio saliendo de su casa zarandeado por un grupo de “brainhoodistas”. Pasaron cerca de donde estaba Isaac y pudo ver a Ricard con la mirada perdida musitando unas palabras que a Isaac le resultaron familiares “... algún día la razón lo gobernará todo ...”. Isaac comprendió que ahora nada le protegería. Y entonces escuchó un ruido detrás de él, se giró, y allí estaba uno de esos fanáticos con la cara desencajada por el odio: “¡aquí está, le he encontrado!”

Lupe

Inspirado en:

-Vidal, F. “Brainhood, anthropological figure of modernity.” History of the Human Sciences, 22: 5-36 (2009)
-Heisenberg, M. “Is free will an illusion?” Nature, 459: 164-165 (2009)
-“La ola (Die welle)” dirigida por Dennis Gansel (2008)
-Cuento sin título, sin publicar y sin terminar que los autores de esta bitácora comenzaron hace ya algunos años.

26 junio 2009

La religión en tres pasos

Santos médicos
La fe mueve montañas.
La gente enferma se agolpa a las puertas del hospicio. Algunos han venido desde muy lejos tras varios días de camino. Y por fin han llegado porque hay algo que nunca falta: esperanza. Y sobre todo fe. ¿Cómo sino combatir la enfermedad y el dolor? Sólo él en su misericordia puede aliviar nuestro sufrimiento. No en vano somos su obra, creados en cuerpo y alma a su imagen y semejanza. Y para eso están ellos, los santos médicos. Son los santos sanadores, a los cuales los devotos piden curación. Son los mediadores de Dios en la Tierra.
Todo está preparado en el patio interior del Hospicio:

- Los quemados con San Lorenzo;
- Los ciegos con Santa Lucía;
- Problemas de lactancia con Santa Ágata;
- Dolores de muelas con Santa Apolonia;
- Problemas de cólicos con San Agapito;
- Epilepsia (¿endemoniados?) con San Juan;
- Raquitismo con San Fernando;
- Trasplantes con San Cosme y San Damián…

Luces y sombras en la idea de Dios
La fe mueve montañas, dicen.
Para algunos, Dios es alguien a quien amar. Es un ser misericordioso, generoso, compasivo y comprensivo. A través de la fe en él se relacionan con los demás, viven con ellos, cooperan con ellos y dan lo mejor de sí. Todo lo que él ha creado es bueno y hay que disfrutarlo. Todo está lleno de esperanza y conduce a la paz y al amor.

Para otros, amar a Dios es una obligación. Y temerle. Por eso ha de ser frío, vengativo e implacable. A través de la fe en él se relacionan con los demás y combaten el pecado. Odian y desconfían de los extraños que no le veneran. Promueven el miedo y el temor de Dios. Porque Dios castiga al que no sigue su camino. Un camino de sufrimiento y dolor que ha de conducir a la liberación después del Juicio final.

Dios está hecho a nuestra imagen y semejanza
La fe mueve montañas, es vuestra percepción.
Todas las ideas son producto de vuestra actividad cerebral. La idea de Libertad, la idea de Belleza, la idea de Solidaridad…, la idea de Dios. La percepción de la creencia religiosa en relación con la idea de Dios implica circuitos y áreas del cerebro específicas relacionadas con la intención, la emoción y vuestra capacidad de abstracción (ver también aquí). Y la actividad de estos circuitos y áreas ya se puede medir. Al igual que la actividad cerebral implicada en otras percepciones o emociones: el odio, la empatía, el amor, el dolor, la desconfianza… ¿Cuántas pruebas necesitáis para, al menos, plantearos la posibilidad real de que YO soy una idea más? ¿Tendré que venir a convenceros en persona? Amén.

Tito

06 junio 2009

Memoria celular…, o la personalidad múltiple de Frankenstein

Un caso clínico: trasplante de corazón
El donante, un joven músico y poeta de 18 años, murió en un accidente de coche. El receptor, una chica de 18 años llamada Danny, sufría insuficiencia cardiaca. Después del trasplante todo fue bien y ella fue recuperando su forma física poco a poco. Sin embargo su vida ya no fue la misma, sus gustos y sus hábitos habían cambiado. Un día tuvo la oportunidad de conocer a la familia del donante y todo empezó a tener sentido para ella: “Cuando me mostraron la foto de su hijo, sentí que le conocía directamente (…). Sé que él está en mí y está enamorado de mí (…). Cuando me pusieron su música yo podía acabar las frases de sus canciones. Nunca antes pude tocar, pero después del trasplante empecé a amar la música (…). Le dije a mi madre que quería clases de guitarra, el mismo instrumento que él tocaba (…).

Memoria celular
¿Cómo puede explicarse el cambio en el comportamiento de Danny después del trasplante? ¿Alteraciones de la conducta provocadas por la experiencia de una situación traumática, de vida o muerte? No sería nada raro, los libros de psicología clínica deben estar llenos de casos similares. Pero, ¿por qué hay que ser tan “cuadriculado”? ¿Por qué no tener la “mente abierta” a nuevas explicaciones?

Para Pert Candace, farmacóloga de prestigio internacional (según su página web), este sería un claro ejemplo de memoria celular. Esto significa que los órganos trasplantados pueden transferir recuerdos o fragmentos de personalidad del donante al receptor. Es decir, en contra de lo que muestra la neurociencia actual, la memoria y la personalidad no se localizan exclusivamente en el cerebro. ¿Cómo justifica P. Candace esta hipótesis tan revolucionaria? Propone una hipótesis neuroquímica centrada en unos mediadores quimicos: lo neuropéptidos (“Las moléculas de la emoción”). Estas moléculas químicas, presentes también en órganos como el corazón, viajarían por todo el organismo portando esta información. Así, los neuropéptidos pueden ser la manifestación bioquímica de la memoria, del pensamiento o de la sensibilidad corporal (Más Allá, junio 2009). Pero, ¿cómo se almacenan los recuerdos o los rasgos de personalidad en órganos como el corazón? ¿Cómo los neurpéptidos retienen esa información y la transfieren al receptor? No hay respuesta para esto. Entonces, ¿cuáles son los datos o pruebas que ofrece P Candace para apoyar su hipótesis? Los testimonios de algunos de los trasplantados (como el ejemplo que encabeza el apunte; se pueden leer más casos).

Nuestra memoria está en el cerebro
¿Qué sabe la neurociencia acerca de la memoria y los recuerdos? Los recuerdos se forman a partir de nuestra interacción directa con el entorno físico y social en el que vivimos (experiencia), lo que depende a su vez de nuestro sistema nervioso. Es más los recuerdos, para existir, requieren de la actividad de nuestro cerebro. Se sabe que hay distintos sistemas de memoria que implican diferentes áreas de nuestro cerebro. ¿Son gratuitas estas afirmaciones? No. Sobre todo en las últimas cinco décadas los investigadores en neurociencias han diseñado paradigmas experimentales para poder entender y poner a prueba la bases neuronales de la memoria. Algunos ejemplos:

- Estudios de lesión en humanos. El ejemplo más conocido es el de H.M. que padeció amnesia al serle extirpada un área de su cerebro (hipocampo). Este paciente facilitó el descubrimiento de la existencia de diferentes sistemas de memoria en el cerebro.

- Estudios de conducta. Tanto en humanos como en animales de laboratorio se ha mostrado que la memoria en todas sus fases (como se adquiere, cómo se mantiene, cómo se recupera y cómo se extingue) puede ser modulada a través de manipulaciones farmacológicas (ejem, psicofármacos) o conductuales (ejem, estrés). Recientemente se ha sugerido que los recuerdos pueden ser borrados (o aquí) o incluso creados de manera que podríamos recordar eventos que nunca ocurrieron.

- Estudios celulares. Son clásicos los experimentos de E. Kandel (están en los libros de texto) con el caracol marino Aplyssia. Desde entonces sabemos que la memoria, y el aprendizaje, requieren cambios en las conexiones entre neuronas y en la actividad de los circuitos neuronales.

Otra vez gato por liebre
Huelga decir que aún nos queda mucho por saber acerca de la memoria y el aprendizaje. Pero sabemos lo suficiente para poder asegurar que otros órganos diferentes del cerebro no pueden ni almacenar ni transferir recuerdos ni rasgos de personalidad, simplemente porque carecen de la plasticidad del sistema nervioso. De la misma manera la memoria de una computadora no puede estar en un teclado o un ratón ordinarios. Hoy por hoy los recuerdos son intransferibles, pertenecen exclusivamente a la persona que los posee y están asociados a cambios específicos en su cerebro. Ni los péptidos ni ninguna otra molécula química tienen la capacidad de transferir esta información. No hay tal memoria celular.

De nuevo hay que decir que a estos investigadores de “mente abierta” como P. Candace no les interesa acercarse a la verdad, solamente intentan disfrazar de ciencia una creencia, su creencia personal. En este caso el “ser holístico” o la “mente holográfica”, en busca de una “nueva espiritualidad”, en conexión posiblemente con Dios.

Tito

16 mayo 2009

La mediumnidad funciona igual que la memoria


Es el título de una entrevista publicada este mes por la revista “Más Allá” al filósofo y etnólogo francés Bertrand Méheust. ¡Me gusta este título! Porque tiene la apariencia de que va a aportar algo objetivo en relación con la supuesta capacidad que tienen los mediums para comunicarse con otros mundos o espíritus. Porque relaciona esa capacidad con la de la memoria, algo que todo el mundo asocia al funcionamiento del cerebro. Precisamente hace unos pocos meses ha fallecido el famoso paciente HM que tanto facilitó la investigación de las áreas del cerebro implicadas en los distintos tipos de memoria que reconoce hoy en día la neurociencia. Se sabe mucho acerca de los mecanismos cerebrales del aprendizaje y la memoria. Al menos se sabe lo esencial y es que tanto el uno como el otro requieren cambios a corto o largo plazo en la comunicación neuronal (actividad sináptica). Responsables de este conocimiento fueron en parte Donald Hebb y Erik Kandel. Pero también nos queda mucho por saber.

¿Qué aporta Bertrand Méheust en este contexto acerca de la capacidad mediumnica? ¿Qué áreas del cerebro están implicadas? ¿Cómo es la actividad neuronal en los mediums? (Sí, dejando a un lado lo inconsistente del propio concepto de médium). Según B. Méheust “cuando el médium empieza una sesión es como si recordara algo (…)”. A la pregunta, “¿podría poner algún ejemplo?”, él contesta lo siguiente (copio literalmente):

Sí. Pensemos, por ejemplo, en nuestra infancia. En primer lugar recordamos una sección de la misma, luego una sección de dicha sección, luego un fragmento de ella –cuando estábamos en la playa con nuestra familia– y, al final, intentamos acordarnos del nombre de una persona que conocimos allí por casualidad. Después de mucho intentarlo, conseguiremos recordarlo. Todo el mundo está familiarizado con este proceso. Pues justamente así es como funciona el proceso mediúmnico: el médium parte de una totalidad o visión global de lo que está buscando y luego, en diferentes “saltos”, consigue llegar al objetivo que está buscando. Mi descubrimiento es bien sencillo: la mediumnidad no funciona de forma diferente a como lo hace la memoria cuando intentamos recordar algo.

"¿Mi descubrimiento…?" Se me ocurre la típica pregunta tonta de siempre: ¿Hay Pruebas? Sí, claro. El filósofo comenta en esta misma entrevista que hicieron un experimento con un famoso vidente francés (del que no se dan datos o posibilidad para la crítica) y comprobó que esto era cierto. Que recordaba los sucesos del pasado igual que los del futuro. Aunque reconoce que el material que él ha aportado “tropieza con gran escepticismo en el ambiente científico”.

Si se lee la entrevista se comprobará que no hay ningún dato que ni siquiera tenga la intención de poner a prueba científicamente aquello que postula. Ahora, eso sí, lo que sí se puede leer son afirmaciones como: “estoy interesado en demostrar una nueva teoría de la mente” o “redescubrir una nueva idea de la memoria” o “una nueva visión de la psicología humana”.

Una nueva teoría de la mente. Esta teoría es parte de un libro titulado “The irreducible mind” promovido por el Instituto Esalen, que pretende aportar un nuevo modelo de psicología para el siglo XXI. Dicho Instituto, según los autores de la entrevista, es referencia mundial en la investigación del potencial humano. Esta nueva teoría de la mente se basa en la “Teoría del filtro”. Copio de nuevo las palabras del filósofo francés (la negrita es mía):

En realidad, no se trata de una teoría reciente. Fue promovida por importantes filósofos y psicólogos de principios del siglo XX, como Frederick Myers y William James, y después por Henri Bergson. La idea básica es que para la filosofía y la psicología actuales la mente es un producto del cerebro. Se trata de una visión o teoría materialista: el cerebro produce la subjetividad. Cuando pretendemos comprender nuestra vida mental mediante ese modelo, prácticamente no podemos explicar nada y nos vemos obligados a rechazar como inexistentes todos los fenómenos psíquicos que explica la parapsicología. Sin embargo, si consideramos que estos son auténticos, es decir, los damos por sentado, tenemos que rechazar la teoría materialista y el único modelo posible que emerge es la teoría del filtro avanzada por Bergson. Según esta, el cerebro no crea la mente, sino que la filtra y esto nos capacita para vivir la experiencia cotidiana. Así, por ejemplo, cuando recordamos algo estamos obligados a olvidar todo aquello que no tenga que ver con los detalles precisos de eso que queremos recordar. El cerebro filtra todos los recuerdos que nos permiten recordar exactamente lo que queremos (…).

Y digo yo, señor Méheust, no es necesario tropezar con el conocimiento científico y las pruebas objetivas. No es necesario forzar experimentos imposibles para negar los realizados con anterioridad. No es necesario inventarse nuevas teorías que no pretende confirmar. Simplemente tenga fe en sus visiones y sus creencias. Y ya verá como todo encaja con sus modelos.

Tito

20 abril 2009

Pavlov y los fenómenos psíquicos

“Como fisiólogos, elegimos mantener en nuestros experimentos una posición puramente objetiva con respecto a los fenómenos psíquicos” Pavlov. La pasión por el cerebro (Juan José Fernádez Teijeiro)

Ivan Petrovich Pavlov obtuvo el premio Nóbel de Fisiología en 1904 por sus investigaciones sobre la función de las glándulas digestivas y su regulación a través del sistema nervioso, que permite que los estímulos externos tengan un efecto sobre la secreción de jugos gástricos. Pavlov llevó a cabo sus investigaciones utilizando perros como modelo experimental a los que operaba, de manera exquisita y cuidadosa, para poder obtener sus jugos gástricos y así estudiar la cantidad y calidad de los mismos. Él observó que sólo con introducir el alimento en la boca de los animales, incluso aunque éste no llegase al estómago, se estimulaba su secreción. Es decir, el “nervismo” como teoría venía a competir con la antigua teoría “humoral” liderada por los investigadores Bayliss y Starling (1902). Estos últimos demostraron la importancia de la regulación hormonal en los procesos digestivos. Pero, ¿Qué tienen que ver los perros de Pavlov con los fenómenos psíquicos?

En sus experimentos, y para su sorpresa, Pavlov observó que el mero hecho de que los animales estuvieran en presencia de los alimentos o de los experimentadores también estimulaba la secreción de jugos gástricos y de saliva. Esto es a lo que Pavlov llamó “secreción psíquica” o “reflejo psíquico”. Pero retrocedamos por un momento en el tiempo e imaginemos a Pavlov en su laboratorio enfrentándose por primera vez a aquellos sorprendentes resultados. ¿Cómo poder entenderlos (a finales del siglo XIX)? ¿Tendrían los animales, los perros de Pavlov, “percepción extrasensorial” de manera que recibieran algún tipo de información telepática de los experimentadores responsables de traer los alimentos? ¿O por qué no precognición, quizá los perros de Pavlov eran capaces de adivinar el momento justo cuando iban a ser alimentados? De haber sido estas las “hipótesis” de Pavlov quizá ahora leeríamos en los anales de psicología los experimentos que él mismo hubiese realizado con mediums o llevado a cabo mediante regresiones al pasado para averiguar el porqué de sus resultados.

Afortunadamente, la actitud de Pavlov fue otra bien distinta. Él siempre defendió la investigación puramente objetiva de las manifestaciones psíquicas incluyendo “el mecanismo y el sentido vital de lo que más interesa al hombre: su conciencia y las aflicciones de su conciencia”. Insistía en que los fenómenos mentales tienen su base en procesos materiales y por tanto están sujetos a la investigación científica. De ahí su opinión de que la psicología no podía ser una ciencia si estaba basada en la introspección. Y fue precisamente esta actitud y el trabajo sistemático realizado a partir de aquellas observaciones lo que le condujeron al descubrimiento de los reflejos condicionados, que son base de una de las formas de aprendizaje más estudiadas por la neuropsicología moderna (condicionamiento clásico). Y por lo que principalmente es reconocido Pavlov hoy en día.

Pero Pavlov quiso ir más allá. De hecho, influenciado por las teorías de un profesor suyo (Ivan Sechenov, “Los reflejos del cerebro”, 1863), sugirió que hasta las más altas cualidades mentales como el propio pensamiento de Newton podría ser un complicado reflejo. La idea fundamental de Sechenov era demostrar que la psiquis, o el alma, era una función del cerebro y por tanto vinculada al Sistema Nervioso Central. Para Sechenov el pensamiento y las emociones podrían ser explicados como reflejos. Y su libro fue censurado y prohibido en San Petersburgo por “peligroso y extremadamente materialista”. Tanto Sechenov como Pavlov pensaban que la conducta no tenía tanto que ver con el pensamiento, agente activo interior o mente, como con la influencia directa de los estímulos externos.

Hablar de reflejos para conductas complejas parece demasiado reduccionista y poco preciso desde el punto de vista de la neurociencia moderna. Sin embargo, me parece una sugerencia interesante en el momento en el que entendemos “reflejos” como patrones de conducta que están determinados por el entorno (externo/interno). De hecho, los reflejos complejos a los que se refería Pavlov me recuerdan mucho a lo que Rodolfo Llinás llama Patrones de Acción Fija (PAF): “conjunto de activaciones motoras automáticas y bien definidas que cuando se activan producen movimientos bien delimitados y coordinados como por ejemplo, la respuesta de escape, la marcha, la deglución (…)”. Llinás, en su libro “El cerebro y el mito del Yo”(se puede leer en Google), se llega a plantear si la interpretación de un concierto de violín podría ser un PAF. Las consecuencias de estas especulaciones para el debate que concierne al llamado “libre albedrío” son muy relevantes.

Pavlov pasó relativamente inadvertido para la ciencia occidental de la época. Cosa que no ocurrió con un contemporáneo suyo, Sigmund Freud. Y así, el estudio de la mente humana, perdió una perspectiva basada en el método científico, experimental y objetivo, y ganó una perspectiva basada en la introspección y un método subjetivo …, en definitiva, la interpretación de los sueños.

Tito